Lo que es la SUGESTIÓN: me he bebido 3 botellines de agua pero estoy como borracho.
Serán las luces, será el entorno discotequero, serán los otros, pero se me ha subido el agua a la cabeza y ahora quiero bailar. Pedro y yo nos hemos adentrado en el brillante mundo del euroschlager para darlo todo a golpe del pum pum pum. Y casi lo conseguimos. Solo nos ha faltado un entorno más entregado y una tarima más alta. Y es posible que muchos de vosotros (o sea, tú y tú) os estéis preguntando qué es el euroschlager… Pues muy sencillo, es el schlager que se hace en Europa: música pegadiza, con estribillos bien altos y colofones en tachán con pose. Vamos, lo que viene a ser una canción eurovisiva. A mi el schlager me pone de buen humor, sea o no sea euro.
A la fiesta ha venido, desde la mismísima Suecia, Jenny Silver. Una cantante que ha intentado representar a su país en Eurovisión alguna que otra vez pero aún no lo ha conseguido, sin embargo, todos los presentes (excepto Pedro) conocíamos su hit “Something in your eyes” y todos los presentes (excepto Pedro) emulábamos su coreografía. Jenny lo ha dado todo a pesar de que le han puesto a cantar en una tarima forrada con una tela que se recogía sobre si misma y dejaba ver que lo que había debajo era un palé de los de cargar cajas de fruta encima. Para haberse tronzado un pie y ella es una diva, que lo mismo mañana tiene concierto en Malmö o inaugura una boutique en Göteborg. Un poco de respeto, por favor. Para más agravio, durante la primera y la segunda canción no le han iluminado con focos y nos hemos tenido que poner a echarle fotos con flash para poder verle un poco la cara, la expresión y los detalles coreográficos.
http://www.youtube.com/watch?v=kWL_MqsMiFk Aquí Jenny Silver cantando “Something in your eyes”, que en español vendría a ser “Legaña”.
Pero Jenny ha sido toda una profesional y ha terminado el miniconcierto cantando a capela el estribillo de “Piensa en mi”, después de decir (en inglés) que quería trabajar con Almodovar. Toma! Tú y todas, guapita de cara!
A modo de agradecimiento por su presencia y su entrega, la organización ha anunciado que Jenny iba a cambiarse de ropa y luego, todo el que quisiera, podía comprar su disco por 6 euros y ella, a cambio, lo firmaba divinamente y te podías echar una foto.
Jenny ha vuelto con una chaquetilla cuajada de plumas negras que más parecía un pájaro de mal agüero que una diva del schlager sueco. Quizá sea ese el motivo por el que le han reservado para su firma de discos una mesa alta junto a la máquina de tabaco y bajo unas palanganas de plástico de esas en las que los camareros más audaces recogen las copas vacías. Para ese entonces yo ya iba por mi tercer botellín de agua. Te puedes imaginar el estado en el que me encontraba. ¡Uhhhhh!
Tras la firma de discos, la organización ha sorteado 3 regalos consistentes en piezas de coleccionista del Melodifestivalen. ¿Que qué es el Melodifestivalen? Pues es el Festival que se organiza en Suecia para seleccionar la canción que representará al país en Eurovisión. Los suecos se lo toman muy en serio y organizan tremendo espectáculo, con globos y de todo. Además, parece ser, por lo que dicen, por lo que cuentan, por lo que se rumorea y por el reflejo en las casas de apuestas, que este año el triunfo se lo llevan a Estocolmo gracias a Loreen y su canción “Euphoria”. Yo creo que aún no todo está perdido y puede que Italia se alce (mira, como el mamífero) con el triunfo porque Nina Zilli lo hace muy bien y su canción, “L’amore e femmina” es muy buena. Boom Boom Boom.
No me ha tocado nada. Pero ahora, con carácter retrospectivo, y sabiendo lo que nos ha pasado después, no me importa. A esas alturas de la noche ya estaba todo el pescado vendido, así que, muy altivos, nos hemos marchado sin despedirnos de nadie y hemos emprendido el viaje de regreso a casa cruzando puntos muy escogidos de la geografía madrileña: Fuencarral, Vázquez de Mella (donde nos han hecho ojitos), Gran Vía y Sol.
Sol está hermoso de madrugada, con sus borrachos, sus kioskos abiertos las 24 horas del día, los coches de policía siempre alerta y las pijas esperando a un taxi que las lleve intactas a sus hogares. Allí me he comprado la Vanity Fair y me he puesto a leerla debajo del spiderman de la vidriera de El Corte Inglés. ¿Se puede ser más esnob? Si. Sin ir más lejos, la mismísima Eugenia Martínez de Irujo, hija de la Duquesa de Alba e hijastra de Alfonso Díez (con el que me crucé el miércoles en Becara. Todo, todo y todo está conectado) dice en la portada, a modo de titular y de sentencia vital: “Me aburre la alta sociedad”. Claro, a ella le gusta más rebozarse en la mierda con las gitanas de las Barranquillas. Si se le ve en la cara. En fin… Que fácil es para alguien que lo tiene todo (excepto belleza) decir que le aburre la alta sociedad, la alta costura o las recepciones en casa del embajador.
Aquí servidor leyendo la Vanity Fair en la Puerta del Sol.
Y ahora, después de toda esta retahíla, llega lo realmente emocionante de la noche. Imagínate, 3 y pico de la madrugada y al doblar la esquina encontrarte de golpe con José Manuel Parada agarrado del brazo de Jenny Llada. ¡José Manuel Parada y Jenny Llada unidos por sus propios brazos! Se les veía cansados, esa es la verdad, porque venían de una fiesta que seguro que había organizado Rosa Valenty. Parada se había dado mechas rubias en el pelo y Jenny llevaba un cardado que, si hiciese sol, podría hacer sombra para toda una comunidad de vecinos.
Por si no les ponías cara, estos son Jenny Llada y José Manuel Parada en otro evento.
Entonces he recordado que Jenny Llada nos invitó una vez a su cumpleaños. Y nosotros, desagradecidos, fuimos pero no le llevamos regalo. La cosa ocurrió así… Las terrazas de Azca estaban promocionando sus espacios para hacer eventos y como por aquel entonces yo trabajaba en una agencia de idems, nos llegaron algunas invitaciones para asistir a los acontecimientos que allí tenían lugar. Y ese día tocaba el cumpleaños de Jenny Llada y allá que nos fuimos con nuestras mejores galas. La propia Jenny estaba en la puerta esperando a los invitados y recibiendo sus regalos. Llegó Arévalo, llegó Bárbara Rey, llegó Máximo Valverde, llegó alguna Miss España y no sé cuantitas tordas más. Y nosotros, que pasamos a hurtadillas para que Jenny no nos reclamara el presente que no le habíamos comprado. El catering fue muy cutre, te lo digo desde ya. Nos hicieron ponernos a todos en fila india para desembocar en unas urnas calientes de las que te servían un cazo de arroz pasado con un trozo de salchicha más perdida que un pato en el Manzanares, que decía Sabina. Yo lo dejé clarito: “No vuelvo más nunca al cumpleaños de Jenny Llada”. Y así ha sido.
Jenny Llada y José Manuel Parada a la altura de la catedral de San Isidro a las 3 y media de la noche y agarrados del brazo. Una imagen para el recuerdo del que, las absurdas que venían más allá, no han sido conscientes. Eran cuatro muchachas que rondaban los 20 años. Todas ellas con minifaldas tan cortas que se veía el principio de las bragas y calzadas sobre unos taconazos que tenían que ir amarradas unas a otras para no caerse. Pedro me ha recordado que caminaban como velocirraptores. Especímenes para el estudio. Entonces, al llegar a nuestra altura, Pedro se ha acercado a ellas y les ha dicho:
PEDRO: Vosotras sois ajenas, pero cien metros más adelante van Parada y Jenny Llada cogidos del brazo.
Y un velocirraptor ha gritado porque no se esperaba que nadie que no fuese amarrado a ella le dirigiera la palabra. Y el resto de velocirraptores han gritado guiadas por la inercia y toda la armonía generada tras largas horas de intentos se ha convertido en un infierno de chirridos. Menos mal que yo iba en mi mundo gracias al efecto de los 3 copazos de agua y me he podido aislar.
Ahora no tengo sueño y mañana me despertaré con resaca, pero no importa porque en ese cara a cara con la realidad ha ganado la SUGESTIÓN.
Mar, por cierto, en esta entrada me he acordado de ti, ya sabes porqué. Cuchillada!!!